Y para el 2019 yo…

Dedicado a quienes amo y adoro.

Desde hace 23 años, gracias a un evento fortuito pero no casual, como el secuestro de mi padre un día 24 de Diciembre, hicieron que las celebraciones de fin de año se transformaran en un evento amargo, no podía entender como en medio de una tragedia la gente o inclusive, la familia, era capaz de anhelar un feliz y próspero año nuevo, de hecho, llego a parecerme un acto morboso que debilito mis creencias, ¿cómo era posible que en el momento en que tu deseas “que se pare el tiempo, que deje de correr, que se pare el minutero que no quiero envejecer” ? como dice la afamada canción de Lucho y Rafa, tu propia familia se levante a las 12 de la media noche a pronunciar si quiera esa frase, Feliz año…. Definitivamente no es posible celebrar nada cuando estás atravesando una situación tan particular como un secuestro o la muerte de uno o más familiares.

Para ese momento surgieron preguntas sin respuestas cómo, ¿qué tiene este gente en la cabeza?. O, ¿son tan animales que nunca se dieron cuenta que estaba pasando por el peor momento de mi vida?, ¿son mal intencionados que disfrutan del dolor ajeno? ¿qué celebran y por qué quieren que yo celebre con ellos? Su egoísmo subido de tono, me hizo juzgarlos durante años sin saber exactamente lo que me motivo a asumir la posición de un juez envenenado por la ira y la confusión de aquel momento.

No obstante, a partir de allí, cada vez que se asomaban estas fechas, empezaba a sentir un desagrado que me invadía el cuerpo y recordaba aquel episodio oscuro, sensación me acompaño por muchos años e intentaba tolerar con buena cara y en compañía de esas mismas personas, una celebración que se había transformado para mi en un amargo recuerdo que deseaba que se borrara de mi memoria.

Luego, de migrar de mi país de origen, dicha celebración se volvió aún peor, cada diciembre me agarro en una intolerante pobreza que no me permitió ofrecerle tan siquiera un pequeño detalle a mi  pequeña hija donde el contexto le alimentó la emoción del aniversario de una fiesta que aborrecía, una festividad que se sustenta en la promesa de una decepción futura, Santa Claus y el aniversario de un tal niño Jesús, 2 personajes ficticios con una poderosa fuerza comercial.

Sin embargo, es indiscutible la contagiosa energía que a muchos los propulsa estas fechas, es inevitable sentir el deseo de cambio, la inspiración para reescribir nuestra historia, una nueva oportunidad para repensar nuestros actos y corregir los malos hábitos.

Lo que me resulta curioso, es ¿por qué la gente celebra el paso del tiempo? Y más incomprensible me parece, festejar el aniversario de alguien a quien nunca conocí, no obstante, estar en medio de una gran conmemoración me ha hecho entender lo que me incomoda de estas fechas y darle su justo valor.

Hoy, por primera vez, luego de 23 años de especial desagrado por estas fechas, entiendo que mucho mas importante que celebrar el paso del tiempo, es “celebrar los logros”, es por ello que aprovecho de impulsar e impulsarme a trabajar fuertemente por todo aquello que nos haga construir nuestros más profundos deseos y anhelos en el estudio del autoconocimiento, un evento inspirador que motive al igual que el común denominador a dejar una etapa y comenzar nuevamente desde cero, aplaudir en conjunto con todas aquellas personas que festejan con tanta alegría la llegada de un nuevo año.

Desde el más profundo recoveco de mi alma, les deseo, un ¡FELIZ AÑO 2019!!

Clemente Passariello

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